La vida pasa volando. Y lo peor es que no nos damos cuenta.
Yo lo vengo reflexionando de hace unos años a esta parte sobre todo por el carnaval, porque nos ponemos a hablar de alguna anécdota y cuando nos paramos y venimos a dar cuenta igual pasó hace 6 años… y parece que hubiese sido ayer, pero no, hace 6 años ya. Y ahora no parecen tantos, pero cuando uno tenía 15 años eso era una vida. O media.
En mi casa hicieron obra y tuve que empaquetar todos los recuerdos físicos de mi vida. Luego, por avatares y circunstancias, las cosas han seguido empaquetadas varios años. En cajas de cartón han quedado esos recuerdos físicos de mi vida, y el otro día mi padre me aconsejó que lo que tuviese que me interesase lo sacase de las cajas porque la humedad acaba con todo en los lugares lúgubres… me acojoné, y a los dos días, en cuanto tuve un rato, empecé a desembalar y a sacar recuerdos. Y te das cuenta de que la vida pasa volando, y de que lo peor es que no nos damos cuenta.
Tendemos a etiquetarlo y clasificarlo todo: esto pasó cuando yo estaba en el instituto, lo otro fue el año de los Torrente. Este de aquí es de cuando estaba saliendo con esta chavala. Y los recuerdos te ponen cara de tonto y empiezas a contar cursos, o romances, o agrupaciones de carnaval, o años de facultad, … y te das cuenta de que sigues teniendo las mismísimas pocas luces que tenías cuando empezabas a tontear con las niñas… aunque ya de aquellos años hasta hoy han pasado 16, 17, 18 años… y a ti te parece que fue ayer.
Saqué cartas de una caja y, sin querer pararme a leer ninguna, sólo las letras adolescentes del destinatario, a mi nombre y dirección, me emocionaban. Había viejas letras de carnaval -muchas con puño y letra de Chito- la gran mayoría mías, y otras tantas aún no han visto la luz y saben que nunca la verán.
Saqué dedicatorias en carpetas de amigos del alma a los que dejé de ver, que ni las eternas e inescrutables redes de internet han conseguido acercarme.
Encontré viejas fotos sueltas, o viejos álbumes, donde juraba amor eterno a pasados amores, donde parecía que el tiempo nunca distanciaría amistades o que el día a día era más importante que lo que cualquier gobierno pudiese decidir… y todo eso ahora no es más que un viejo recuerdo en una vieja carpeta, en una vieja libreta que cruza los dedos por no ser presa de la humedad de un sótano lleno de trastos. Seguro que nosotros algún día seremos eso: trastos viejos metidos en un sitio lúgubre. Afortunadamente no nos daremos cuenta. Sin embargo, esos viejos recuerdos se dan cuenta, porque cuando los sacas luchan entre sí para ser el más original, el más emocionante, el más bonito, el más dulce o el más divertido. Son como las personas: cada uno lucha sabiendo en qué es bueno, y jugándose todas las cartas a esa jugada.
Cuando decidí qué recuerdos eran merecedores de ser rescatados de los pastos de la posible y futurible humedad y cuáles no, subí todos los salvados a mi cuarto y los puse en una estantería, esperando a que tenga un hueco para volver a disfrutar de ellos.
Tanto ellos como yo sabemos que volverán a pasar años hasta que nos volvamos a reencontrar, aunque durmamos juntos cada noche y nos escuchemos soñar, pero será una promesa de amor eterno juvenil. Algo grandioso que se queda en el camino, o que si sigue contigo acabas dándote cuenta de que todo en la vida se marchita.
Espero poder seguir disfrutando de esta maldita adolescencia prolongada, porque aunque no me dé cuenta, sigue generando residuos de bonitos recuerdos que poco a poco van acabando en una caja de mi sótano, o en un rincón de mi estantería.
Amistades eternas, amores juveniles, batallas perdidas, chistes olvidados, anécdotas sin sentido, poemas íntimos, letras obsoletas, fotos de jóvenes que ya no somos, recuerdos en papel: no os creáis tan exclusivos, sigo generando más como vosotros, y espero no tener que recurrir jamás a vuestras faldas para volver a ser feliz!!!
PDTA:/ "Será como aquella canción de los años ochenta, seré como el tipo que algún día fui"...

