Dicen que el tiempo pone a cada uno en su sito. Que el Karma, la naturaleza, dios, o la madre que parió al demonio, compensa y recompensa a cada uno con lo suyo. Yo no me decanto por esas teorías. Soy más de la filosofía que vende la película del grande de Woody Allen "Match Point", en la que se defiende el hecho de que la suerte juega gran parte de la partida de nuestra vida. Esas cosas que no dominamos, que escapan a nuestro control, y que acaban llevándonos por un sendero u otro. Pero a la vez, también creo que cada uno tiene lo que quiere. Lo que se busca, lo que se trabaja, lo que se curra. Es decir, la diosa fortuna o como lo quieras llamar, traza un sendero en el que hay murallas para escalar o boquetes para saltar. Una vez que nos topamos con esto, somos nosotros mismos los que decidimos si subir la muralla o darnos la vuelta. Somos los que decidimos si saltamos ese boquete, si lo rodeamos, si nos paramos a esperar, o si buscamos otro camino.
Igual muchos piensen que yo he cambiado mucho, o igual piensen que sigo siendo lo que siempre fui y que estoy estancado, anclado, en una eterna juventud a la que me aferro regándola con cervezas, carnavales, futbito y algún que otro desfase. Queridos e ilustres tradicionalistas de lo tradicional: yo a eso lo llamo vivir.
Ni he cambiado mucho ni vivo anclado en los quince años. Pero sigo siendo igual. Me siguen gustando las mismas cosas, sigo teniendo las mismas inquietudes, mis sueños siguen apuntando en la misma dirección, sigo disfrutando de la lumbre de un cubata en un pub un martes, de la intensidad de una carrera por la banda en un partidito, de una copla cantada entre borrachos que ponen el corazón más allá de donde llegan sus gargantas.
Sigo siendo el mismo al que la ilusión no le cabía en la boca en aquellos butaneros. Sigo teniendo las mismas pasiones, yendo a los mismos sitios.
Por favor, que no venga a decirme el que lleva 3 años sin perderse un sábado por la noche "Noche de Fiesta" eso tan socorrido de "Tío, estás perdido".
Pues claro que estoy perdido, porque no salgo en "La Noria", que si no bien que me verías…
Hay personas a las que la diosa fortuna, la diosa naturaleza, el karma, o la representación del papa en los cielos, han puesto murallas y zanjas y palos en sus caminos. Pero ellos han optado por refugiarse en las faldas de la tele y el mantel. Cada vez son más los que deciden quedarse atrás. Cada vez son más los que están sentados en ese sillón de octogenarios viendo la vida pasar.
He llegado a pensar que tal vez sea yo. Pero yo soy tan fiel a mi filosofía de vida como lo fui el día en que la descubrí, en que la paladeé, en que la saboreé. Esa filosofía vive en una canción de Sabina, en una rima escrita en una libreta vieja, en un piso de estudiantes de Sevilla, en un beso furtivo en mi Plaza, en un balón al área, en una barbacoa con amigos, en un grifo de Cruzcampo, en una carta juvenil, en una cámara de fotos, en un relato escrito, en un revuelto de papas con huevo, en un sueño de futuro. En el Lagarto del Desierto.
Enhorabuena, son ustedes conocedores de esa filosofía. Por favor, remítanme este post cuando me vean a las faldas de la tele. Al mantel del día a día viendo pasar la vida como un yupi pueblerino. Remítanmelo con la crueldad cínica que tiene un "te lo dije" o un "lo sabía", relamiéndose del oportunismo de verse victorioso. Porque ese momento llegará. Y justo después, cuenten los que se sentaron antes.
Lo mejor de todo es que tengo el total convencimiento de que cuando ese momento llegue, Chito seguirá batallando. SEGURO. Porque tras mil años es el único que sigue al pie del cañón, más fresco que una lechuga. Y cuando se convierta en ese viejo facha que un día le pronostiqué que sería, seguirá siendo tan grande como para decirme "Muñeco, si tú y yo algún día hiciéramos una comparsa, sería como las que hacía Bienvenido, o como la que haría el Noly". Y a continuación añadiría "Venga, la última y nos vamos".
Etiquetas: ensayo, LuisitoRilke