martes, junio 28, 2011

Amarillas y Rojas....Amarillas y Verdes


En uno de mis frecuentes paseos por la red he encontrado una de esas canciones que sin billete es capaz de transportarte a otra dimensión. "Frances Framer will have her revenge on Seattle" es una canción con más visos de cara B de Nirvana. Consideremosla una copla del montón si la comparamos con "Heart Shaped Box" o "Lithium". Y consideren, estimados lagartos, que no es esa la cuestión que me ocupa y que me importa una mierda la calidad de unas u otras las canciones.
Lo que me ocupa y me preocupa es que cambiemos...y por si ustedes no lo saben...o le dan la espalda a semejante hecho...Yo os lo recuerdo. Nosotros, los seres humanos, cambiamos.
Si no cambiásemos estaríamos todavía viendo reposiciones de Barrio Sésamo o haciendo algo tan simple como mearnos en los pantalones. No lo hacemos y es porque aprendemos para cambiar.
Y yo también lo hago, lo hice y lo haré. Me gustaba Nirvana con locura. A dia de hoy podría escuchar cualquiera de sus discos. Pero nunca con aquella pasión de los diecisiete años. Ahora soy de "Los Piratas" y algún dia supongo, no muy lejano, me quedaré tonto escuchando ópera.
La cuestión es que yo, tú, el, nosotros, vosotros, ellos...y me quedo con la primera del plural cambiamos.
Miren a Palenque Chico...y aquellas temerarias declaraciones: -Cualquier dia me compro un pisito y me caso-. Al final se lo compró y se casó (Pedro y yo los vimos...os juramos que se casó). Y ¿Qué me dicen de Luisito? También cambió: -No, yo no quiero hamburguesa de rabo de toro ni churrascos con tallarines-....¿Qué no? Un mojón. Al final tragaste muñeco. Igual que yo trago mil veces al día. Y creedme que visto lo visto, cambiar no es malo.
Algún desalmado con más mala intención que sentido común y con más cara dura que inteligencia me pregunta: -¿Ahora te vas a cambiar la chaqueta igual que el Toti?...
Yo soy más de camiseta, amigasho...
Es el tiempo en este pais de necios, mercaderes, afilasables, notarios, desvalidos, sabandijas, ladrones de cable de cobre, soplaflautas, mecánicos de relojes, absurdos, diestros y siniestros.
Es el tiempo de gente perfectamente cuestionable. No lo duden.
Una última reflexión si me lo permiten. Volvía de Algeciras el pasado Domingo por la noche, camino de Ronda, por la A-369, sin coches... Se me hacía raro que mi rumbo fuese Ronda y no Sabinillas como había ocurrido en los últimos años a la finalización de las fiestas mayores algecireñas.
Hasta eso cambia...
Y toda esta frustración se resume y tiene su origen en varias cuestiones:
- Que vengo de escuchar a Zapatero y Rajoy hablando mucho y diciendo nada.
- Que este fin de semana tengo una boda...y las detesto.
- Que yo a esta hora debería estar en Sabinillas, probando la temperatura de las duchas....o mirando como quedan los telones.
- Que trabajo en una tele...que no tiene cámaras...y que estamos en el aire.
- Que mañana tengo que ir a comprarme una camisa blanca sí o sí.
- Y que las bujías no entran dentro de la garantía para mi Opel (se ha traducido en 51 euros)

A lo que me vengo a referir... Menos mal que conozco a la Reina de África...y menos mal que ir de Safari cuesta un pico...
No le des más vueltas, estimado Lagarto, Vive...deja vivir... y cuando los demás estén concentrados...da todo el por culo que puedas....
Chemi me ha pedido hoy que le dedique algo y le dedico mis escuálidas intenciones literarias.
Irene no me ha pedido que la salude...pero yo lo haré para tocarle los pies un rato...

Chito

Pd.- Después será ya tarde...y sigo convencido...y se que es de momento...que ya no es tarde....
Filofobia (Piratas)

viernes, junio 10, 2011

Tener pasado es bonito



Tener pasado es bonito.
No queremos pensar en ello, pero somos fruto de ese pasado. 
A veces hay que enfrentarse a él y es realmente cabrón. Otras veces hay que añorarlo… la mayoría de las veces hay que añorarlo. No porque haya sido mejor que la actualidad, no tiene obligatoriamente por qué ser así, pero hay que añorarlo porque los años que le pasan por encima empolvan las cosas malas hasta que casi no se ven y realzan y endulzan las buenas hasta hacer que parezcan más buenas de lo que realmente eran.

Esta noche he bebido sorbitos de ese pasado charlando entre cervezas con Chiqui y Lolo, dos amigos de hoy en día a los que, en el caso de Lolo, Chiqui y yo no vemos casi nunca. Y Chiqui y yo nos vemos y forjamos nuestra amistad bastante a menudo hoy en día, pero no nos paramos a pensar en el hecho de que nos conocemos desde que somos niños. Desde que tenemos 6 ó 7 añitos. Eso me pasa con muchos amigos de hoy en día.

La vida nos moldea a cada uno de una manera, y con los años todos tomamos caminos distintos y al final dos raíces que nacieron juntas acaban saliendo a la superficie de la madurez adulta por sitios muy diferentes, acaban viendo paisajes de su día a día muy diferentes y acaban teniendo brotes verdes muy diferentes.

Lirio y yo nacimos en campos diferentes y en diferentes épocas, un día nos cruzamos y forjamos una gran amistad, que a día de hoy, a pesar de estar bien distantes, seguimos manteniendo y nos preocupamos de regar de cuando en cuando.
Cosa parecida pero distinta me pasa con Chito. También somos raíces distintas pero desde que le presté la cinta del Cielo de Cádiz, no hemos dejado de ser amigos, de vernos, de cervecear, de filosofar, de discutir, de debatir, de carnavalear, de darnos caña hasta rozar lo que duele para que al segundo no haya pasado nada. Y somos bien diferentes en el 90% de los ámbitos, pero ahí estamos.

El pasado nos enseña a muchas cosas. Nos ha enseñado a querer y a odiar, a reflexionar, a mordernos la lengua cuando la adrenalina exige gritar lo que piensas y lo que sientes.
Qué cabrón es a veces el pasado. Nos hace creer en amistades que hace años que no se riegan. Nos hace realzar viejos amores. Nos hacen añorar viejos sitios, viejas casas y viejas costumbres. Pero no nos damos cuenta de que el presente, el que vivimos minuto a minuto, ese constante viaje en el tiempo que hacemos hacia un futuro cercano, un presente continuo, es algo que hay que procurar saborear como si fuera un recuerdo. Porque al segundo siguiente de vivirlo ya no es más que pasado. Y si te ha merecido la pena vivirlo será recuerdo, sino será olvido. Ese olvido en el que todos nos ahogaremos, que lo engullirá todo hasta hacer que desaparezcamos por siempre jamás.

Hoy he tomado algunas cucharadas de pasado y me he reído mucho. Espero en un futuro, cuando queriendo hablar del pasado, hable de este presente, pueda reír también. Pueda añorarlo y saborearlo, porque será señal de que está mereciendo la pena vivir lo que vivo.

Espero seguir moldeándome con mi Lola. Saber que cada vez podemos ser más diferentes pero menos distantes. Conocernos hasta ser previsibles, y cuando algún día la monotonía nos saque la lengua, poder chincharle con divertidos recuerdos. Y reír a carcajadas rememorando anécdotas. Porque el presente vive del pasado y construye el futuro.

Porque un día fui un niño curioso y tímido, que pasó a ser juguetón y a forjar amistades fraternales en una plaza que me vio hacerme un adolescente y descubrir lo que era querer, aprendiendo a querer, para posteriormente convertirme en un enamorado del carnaval. Y del arte. Y de Sevilla, que me hizo saborear la libertad, hasta que ésta se acabó y empecé a darme cuenta de que había madurado, y aún conservando sueños, ya se veían de otra manera.
Y ahora… ahora soy un lagarto. Como lo eres tú.








jueves, junio 02, 2011

El Mechero



Lo había decidido. Se armó de valor y comenzó a subir hasta todo lo alto del edificio. Conforme iba pisando los escalones el pulso se le aceleraba y unos sudores fríos le iban pegando la camiseta a la espalda. Se cruzó con una señora que limpiaba el felpudo y le miró con cara de desconfiada, pero él siguió de largo, subiendo escalones. Cuando pasó por la cuarta planta escuchó una canción de Camela a todo volumen; el vecino que allí vivía tenía gustos musicales ciertamente particulares. Por fin llego a la sexta planta. Esquivó una maceta con un marchita planta, cogió el pomo de aluminio, giró y el aire frío le dio en la cara. En aquella azotea había ropa tendida en todos los cordeles. Pantalones, camisetas, calzoncillos, sujetadores y calcetines bailaban burlándose de él. Se odió por ello. Continuó con paso decidido. Cogió una prenda con ira que le golpeó en la cara y la arrancó de la cuerda en la que se secaba, tirándola al suelo. Llegó hasta la baranda que separaba la azotea del precipicio. Miró a ambos lados para asegurarse de que nadie le viese. A continuación se asomó y miró hacia abajo. Seis plantas y un suelo rojo de patio interior esperándole abajo. Más cordeles de tender, una pila de lavar y tres bombonas de butano. Y el suelo rojo.
- Maldita seas una y mil veces. -Se repetía.

El viento soplaba fuerte y le despeinaba, secando su sudor, provocándole escalofríos espalda arriba. Olía a suavizante y a tierra mojada. El cielo estaba nublado y amenazaba con descargar. Los recuerdos, los pensamientos se le agolpaban en la mente, en la conciencia, engrandeciendo su rabia. Enriqueciendo su odio. Estaba empapado en sudor y tenía frío.

Sacó un paquete de fortuna del bolsillo, tomó un cigarrillo con los labios y tiró el resto, casi entero, al ojo-patio. Fue a buscar el mechero y se percató de que se lo había dejado metido dentro del paquete que volaba hacia abajo.
- Joder… no puedo hacerlo sin fumarme un último cigarrillo… mierda… 

Buscó de nuevo en sus bolsillos, por si tenía algún otro mechero o modo de encender el cigarrillo, aún a sabiendas de que no tenía nada. Cuando se hubo asegurado se vino abajo. No podía hacerlo, no se veía capaz. No sin ese último cigarrillo.
- Bueno, la próxima vez me aseguraré de no tirar el mechero.