martes, abril 12, 2011

La vida pasa volando



La vida pasa volando. Y lo peor es que no nos damos cuenta.
Yo lo vengo reflexionando de hace unos años a esta parte sobre todo por el carnaval, porque nos ponemos a hablar de alguna anécdota y cuando nos paramos y venimos a dar cuenta igual pasó hace 6 años… y parece que hubiese sido ayer, pero no, hace 6 años ya. Y ahora no parecen tantos, pero cuando uno tenía 15 años eso era una vida. O media.

En mi casa hicieron obra y tuve que empaquetar todos los recuerdos físicos de mi vida. Luego, por avatares y circunstancias, las cosas han seguido empaquetadas varios años. En cajas de cartón han quedado esos recuerdos físicos de mi vida, y el otro día mi padre me aconsejó que lo que tuviese que me interesase lo sacase de las cajas porque la humedad acaba con todo en los lugares lúgubres… me acojoné, y a los dos días, en cuanto tuve un rato, empecé a desembalar y a sacar recuerdos. Y te das cuenta de que la vida pasa volando, y de que lo peor es que no nos damos cuenta.

Tendemos a etiquetarlo y clasificarlo todo: esto pasó cuando yo estaba en el instituto, lo otro fue el año de los Torrente. Este de aquí es de cuando estaba saliendo con esta chavala. Y los recuerdos te ponen cara de tonto y empiezas a contar cursos, o romances, o agrupaciones de carnaval, o años de facultad, …  y te das cuenta de que sigues teniendo las mismísimas pocas luces que tenías cuando empezabas a tontear con las niñas… aunque ya de aquellos años hasta hoy han pasado 16, 17, 18 años… y a ti te parece que fue ayer.

Saqué cartas de una caja y, sin querer pararme a leer ninguna, sólo las letras adolescentes del destinatario, a mi nombre y dirección, me emocionaban. Había viejas letras de carnaval -muchas con puño y letra de Chito- la gran mayoría mías, y otras tantas aún no han visto la luz y saben que nunca la verán.
Saqué dedicatorias en carpetas de amigos del alma a los que dejé de ver, que ni las eternas e inescrutables redes de internet han conseguido acercarme.
Encontré viejas fotos sueltas, o viejos álbumes, donde juraba amor eterno a pasados amores, donde parecía que el tiempo nunca distanciaría amistades o que el día a día era más importante que lo que cualquier gobierno pudiese decidir… y todo eso ahora no es más que un viejo recuerdo en una vieja carpeta, en una vieja libreta que cruza los dedos por no ser presa de la humedad de un sótano lleno de trastos. Seguro que nosotros algún día seremos eso: trastos viejos metidos en un sitio lúgubre. Afortunadamente no nos daremos cuenta. Sin embargo, esos viejos recuerdos se dan cuenta, porque cuando los sacas luchan entre sí para ser el más original, el más emocionante, el más bonito, el más dulce o el más divertido. Son como las personas: cada uno lucha sabiendo en qué es bueno, y jugándose todas las cartas a esa jugada.

Cuando decidí qué recuerdos eran merecedores de ser rescatados de los pastos de la posible y futurible humedad y cuáles no, subí todos los salvados a mi cuarto y los puse en una estantería, esperando a que tenga un hueco para volver a disfrutar de ellos.
Tanto ellos como yo sabemos que volverán a pasar años hasta que nos volvamos a reencontrar, aunque durmamos juntos cada noche y nos escuchemos soñar, pero será una promesa de amor eterno juvenil. Algo grandioso que se queda en el camino, o que si sigue contigo acabas dándote cuenta de que todo en la vida se marchita.

Espero poder seguir disfrutando de esta maldita adolescencia prolongada, porque aunque no me dé cuenta, sigue generando residuos de bonitos recuerdos que poco a poco van acabando en una caja de mi sótano, o en un rincón de mi estantería.

Amistades eternas, amores juveniles, batallas perdidas, chistes olvidados, anécdotas sin sentido, poemas íntimos, letras obsoletas, fotos de jóvenes que ya no somos, recuerdos en papel: no os creáis tan exclusivos, sigo generando más como vosotros, y espero no tener que recurrir jamás a vuestras faldas para volver a ser feliz!!!



PDTA:/ "Será como aquella canción de los años ochenta, seré como el tipo que algún día fui"...

domingo, abril 03, 2011

Mitades


Una de las cuestiones que me ponía de peor humor cuando trabajaba en Londres era buscar el centro de una habitación para colocar sillas haciendo los "set up". ¿Dónde está la mitad?... ¿Dónde está el equilibrio? Aún hoy me da la sensación de andar corriendo escaleras arriba de la Royal Society buscando una respuesta a tan puñetera cuestión. La cosa es que en mi cabeza reverbera de seguido este asunto y hay momentos en los que me parece mentira que mi cabeza esté en sus plenas facultades. A menudo pienso que efectivamente la cordura que pudiese tener se fue a tomar por el culo hace meses. Pero mejor no. Prefiero sonreirme, mirar al tendido, plegar la muleta, respirar hondo y dar cuatro muletazos a las circunstancias vitales que a menudo me exigen soslayar mis propios sentimientos para tragar con sentencias y jurisprudencias pretéritas. Lo que en Cádiz capital vendría siendo "comurgá con ruea de molino". Esta es la historia que me pasó un buen dia: El calor de abril me llevó a quitarme el abrigo. Mi paseo por la orilla del rio duraba más de lo esperado y arreciaba el Lorenzo como queriendo perforar el respirar desacompasado de las pobres almas que a esa hora todavía buscábamos una salida: - ¿Es por aquí?- preguntaban confusos. Yo no sabía que responder. Hacía horas que daba vueltas de una punta a otra de la orilla, buscando la forma de cruzar el charco y encajarme en las tibias sombras que a esa hora ya formaban los árboles. Todos pensábamos y le dábamos vueltas al asunto. Un chavalote de unos trece años se sentó en el suelo y su quebrar la rutina fue una llamada de atención para todos. De repente alguien se había parado a pensar. Eso no estaba en los planes de ninguno de nosotros. El chaval se hizo fuerte en su posición protagonista y asumió el liderazgo. Durante cinco largos minutos estuvo pensando, mientras que el resto, casi sin darse cuenta, siguieron atónitos mirando al chico parado. No sabían que hacer ante un hermano detenido. Después de largo rato, el muchacho se desató las botas, las unió a través de sus cordones una con la otra y se las puso en el cuello. Empezó a caminar y sus congéneres tragaron saliva: -¿Vas a cruzar andando?- osó preguntar uno de ellos. El joven muchacho miró hacía atrás y se limitó a sonreir. Cruzó el rio...y todos contemplaron impávidos como consiguió la otra orilla donde la sombra de los fresnos devolvió la palidez a sus mejillas. En frente todos vieron el resultado y comenzaron como locos a desatar sus botas. Pero el rio no soportó aquella marea humana y fueron muchos los que cayeron, y murieron de pena al ver sus botas mojadas. Satisfecho, el joven pionero en cruzar el rio sonreía feliz porque tuvo que asumir un riesgo...que le llevó directamente al éxito. -Cuando cruzas el rio sin sabor a obligación y con sabor a aventura es mucho más sencillo llegar al otro lado- pensó. Los cadáveres se agolpaban en el cauce. Fueron tantos que el agua comenzó a embalsarse y empezaba a hacerse de noche. El joven prosiguió su camino rio arriba, antes de que la corriente alcanzara sus botas, secas y deterioradas. La noche se le venía encima y tenía un largo camino que recorrer. Yo salvé mi vida y desde mi orilla de casi siempre observaba con admiración a aquel valiente chavalote que consiguió alcanzar el otro lado gracias a la decisión de sus bisoños pasos. No tuve más que aplaudir mientras los cadáveres corrían rio abajo. Busqué un bancal cómodo para dormir y me tumbé bajo las estrellas...El frio de las noches de Abril me obligó a ponerme de nuevo el abrigo.


Chito


Pd.- De purísima y oro, Manolete, cuadra al toro en la plaza de Linares... La foto no es de la RS Londinense...

Es del Ceulaj, poniendo todo en su sitio otra vez... cosa que costó lo suyo...