martes, junio 26, 2007


Perdimos el primer ferry que nos llevaba hasta Ceuta, por lo que ahogamos la hora y pico hasta el siguiente ferry en la espuma de una cerveza. Algeciras era pegajosa esa tarde de Junio, y al subir al ferry que no nos pertenecía sentimos más frío de la cuenta por el aire acondicionado. Un taxista que parecía odiar internet y las normas de Marruecos nos acercó hasta la frontera. Mochila a la espalda y pasaporte en el bolsillo, cruzamos sin problemas la frontera española, y de repente, como moscas, muchos hombres se nos iban acercando. No hablaban demasiado bien nuestro idioma, pero lo justo como para que nos entendiéramos. Nos ofrecían a euro un papel que nos daban gratis en la ventanilla. Rellenamos los papeles, desvirgaron mi pasaporte, y sin más, cruzamos la frontera. Ya no sólo estábamos en otro país, sino en otro continente. Otras leyes. Otras reglas. Otra forma de negociar. Otro mundo.

Desolación tal vez sea la palabra que mejor describa la primera impresión. Déjenme que les describa la fotografía; varias decenas de personas sin rostro se agolpaban en grupos, en una explanada alquitranada y con lejanas y altas luces que arrojaban largas sombras. Una nevera y una lavadora abiertas en mitad de aquella extensión sin nada. Allá a lo lejos se apreciaban las figuras de lo que parecían ser coches. A nuestra izquierda un viejo muro con la altura de un bloque de 3 pisos, coronado por una valla con pinchos. Tras ella una oscura montaña. A la izquierda un viejo edificio tras el que se adivinaba, tal vez, una triste playa solitaria. Y de repente, un rostro inquieto, un pelo completamente blanco, una tez especialmente morena, y unos ojos vivos nos indagaron:

-¿Queréis un taxi? ¿Adónde vais? ¡Os puedo llevar más barato que nadie!


Tras una breve negociación, cerramos el viaje a Chaouen por 50 euros. Él no conducía, pero viajaba con nosotros hasta un pueblo cercano, donde se apearía, pues tenía que quedarse con sus cinco hijos. A lo largo del camino hasta Castillejo, nos cuenta que sabe hablar español porque pasó 7 años en nuestras tierras… en la cárcel de Algeciras, en una gallega… - ¿Por qué te metieron? –pregunta Chito. Él sonríe.

- Amigo, porque me quería hacer rico… -hace una pausa-. Una noche crucé el estrecho en lancha, con cien kilos de hachís. Un negocio redondo. Una noche, y salvado para toda la vida… pero los que me contrataron me traicionaron. Conseguí llegar, pero en vez de venir quienes tenían que recoger las drogas, fue la policía española la que apareció con todo preparado, conscientes de que esa noche llevarían invitado especial a su celda

Kilómetros más adelante baja del taxi, se despide amistosamente, y Pedro, Chito y un servidor quedan a solas con el taxista, quien no había abierto la boca en el trayecto. De repente, se gira y de manera natural nos ofrece hachís. Él va a pillar para consumo propio, y nos dice que a él por ser marroquí se lo dejan más barato… No, gracias, no venimos a Marruecos a eso, venimos a hacer turismo… incluso así, nos conduce a uno de esos callejones donde nunca sabes qué puede pasar, una sombra se desliza desde una puerta levemente iluminada, entrega la mercancía, y vuelve a desaparecer tan sutilmente como llegó. Entonces nuestro taxista comienza a liarse un canuto, y con toda la parsimonia del mundo nos dice: -El trayecto hasta Chaouen son 70 euros
- ¿Pero no habíamos quedado en 50?
- No, por la noche es más caro, él cabrón. Él poner precio que interesa y se va…
- ¿Y por qué no nos has dicho eso cuando estaba Él aquí?
…………………..

Media hora después reanudamos el camino. Cerramos el trato en 60. Nos pidió el dinero por adelantado, justo antes de decidir que era Chito quien debía acompañarle en el asiento de adelante. –Voy a recoger en Tetuán a un amigo, para no volverme solo desde Chaouen. ¿Os importa? –Silencio. Nos miramos…
- Bueno… -seguimos sin estar seguros…

Atravesamos Tetuán, y un chaval de nuestra edad, pero con las neuronas bastante más afectadas por el humo denso y blanco del hachís, se sienta junto a Pedro. Vaya viaje. Hablando en marroquí. Dando voces en su idioma, cantando canciones, poniéndonos los auriculares que llevaba… paramos en una gasolinera, repostamos, dos tés para los 5, y unos extraños pasteles. Probamos bocado en marcha. Adelantamientos por línea continua, tres coches en línea en diferentes sentidos. Luces largas, curvas sin frenada… CUIDADO, KÚBIKA!! Y al fin, la bohemia noche de Chaouen. Mirar sus casas, su medina, su plaza, su colorido… sentir su calor, sus intensos aromas, sus variados sabores… Fue duro, pero mereció la pena sólo por estas sensaciones.



Cuaderno de viaje.

Ronda-Algeciras-Chaouen.

Pedro-Luis-Chito.

15-Junio-2007.

lunes, junio 11, 2007









EL CAMPO, Episodio 2
Efectivamente, Carlos (Benajoano y Serratero). Hoy era el día para escribir algo aqui. El segundo episodio. Y es el dia porque hoy me acuerdo de esta carretera. Un camino a fin de cuentas. Un dia que bien merece este post porque hoy mi padre, supongo que después de mucho tiempo ha vuelto al campo. A coger unciana. Hoy se puede decir que se han alineado de una forma u otra los planetas. Y aqui estoy. Contando más historias del Campo...de MI CAMPO.
El dia de la Virgen
Los padres solían levantarnos muy temprano. Por lo general, alguien como Tito Juan iba a por churritos y mientras los motores de la vieja carnicería sonaban ruidosos ibamos como locos corriendo a ponernos los bañadores y las chanclas para irnos cuanto antes al campo. En el viejo mercedes azul o en el R-6 blanco nos apretabamos todos para llegar ruidosamente a aque trozo de terreno donde he vivido los más inolvidables momentos de mi vida. Corriamos como demonios y besabamos a Tita Pepa o Tito Marcelo que ya a esa hora inundaban la estancia bajo la fresca parra con olor a cafelito recien hecho. Tostadas, aceite, bolsas con comida... Era la víspera de uno de los días grandes para nosotros, el día de la Virgen, las fiestas de Montejaque. Poco a poco, como si fueramos autenticas ranas ibamos cayendo al agua fria de la alberca, siempre comprobando con cuidado que no hubiera culebras o tortugas. En caso de que algún bichejo de estos hubiera ocupado la piscina durante la noche era Alfonsito el que con gran maestría se hacía con los pobres animales a los que les esperaba un incierto futuro. Después de una mañana entera de baño tutelados por el tito Alfonso o por mi propio padre, saliamos desmayados a comer patatas de Tita Manoli que siempre hacía las veces de cocinera con Tita Ani o con mi madre. Patatas fritas, ensaladillas, filetes, refrescos y mucho ruido. El sol de Agosto para las tres de la tarde apretaba con ganas por lo que era habitual también ver a Tito eduardo con la manguera verde dandole un riego al cemento que hacía las veces de terraza en las prostimerías de la copiosa comida. Después de comer era cuando más apetecía pegarse un baño, pero los mayores siempre se oponían con los clásicos argumentos de la digestión. Era el momento ideal para ir con el Miguel Angel, Alfonsito, Rocío, Anabel, Sandrita y Maria José a jugar a algún juego inventado (cuando los niños sabíamos inventar juegos) o bien a buscar aventuras por aquellos montes (cuando los niños se hacían chichones y no pasaba NADA). Jugabamos con el descontrol propio de unos cuantos crios: Inventado personajes, dandonos pelotazos o tirándonos piedras unos a otros. Auténticos salvajes, según se mire...
Después de un rato, cuando ya habíamos sudado la gota gorda y con los pies llenos de pinchos, arena y heridas, volvíamos a la estancia que ocupaban los mayores para implorar con nuestro llanto el regreso a la piscina. Salía la Tita Raquel, la gallega, y nos mojaba a todos con el frio vidrio del agua de la manguera. Era el momento ideal, fuera el bañador y a bañarse como Dios nos mandó al mundo. Es un reproche que muchos familiares todavía mantienen contra mí: -Eras muy grandecito tú ya para quitarte el bañador- Pero para un servidor el pudor ni existió ni existé y supongo que tampoco existirá. El flotador, los manguitos, los balones, los niños, los padres, las madres, todos dentro de la piscina en lo que era un dia grande para todos. Me encantaba montarme en el bordillito más alto y decir con Maria José cogida de la mano aquello de: -Oro, te va a tocar- Y tirarnos al agua tapándonos la nariz con la mano que nos quedaba.
Al poco tiempo los padres, con esfuerzos titánicos y algún cachetazo que otro nos sacaban de la piscina. Para ese entonces, nos duchaban con la manguera, nos ponían la ropita (de estreno) y nos empachaban de colonia nenuco. Poco después, salíamos por esa carretera de la foto, en la misma dirección que va ese coche, camino de Montejaque.
Ir al pueblo era para nosotros la oportunidad. El descontrol. Pulular por estrechas calles de un lado a otro, comprando chucherías (Bien en lo de Paco, en la plaza, o en lo de Mariquita). Gusanitos, kikos, bolsitas con sorpresa, patatas del maestro (las más ricas del mundo) o botecitos con un compuesto químico indescriptible que sabían a fresa... Alguna tarde ya más grandecitos, nos ibamos a la era del camino de la ermita a comer melones. Una vez entre Alfonsito, Raulito y yo nos comimos....pues...cuatro o cinco melones, con la consiguiente vomitera y empachera que nos mandó a la cama antes de tiempo.
Sobre las nueve y media, ya menguando los largos dias veraniegos, la noche se hacía sobre el pueblo. Pegaba la rebequita. Pero debidamente abrigados buscabamos más lugares donde llevar a cabo nuestras fechorías. Las lajas, unas piedras calizas en mitad del pueblo, que servían como resbalandeta y donde en mas de una ocasión nos hemos lastimado a cuenta de hacer el burro. El olor a cosméticos de las más mayorcitas (Sandra, Maite, Anabel...) que ya se iban arreglando para salir de juerga. Nunca entendí porque narices tardaban tanto en vestirse. En más de una ocasión y ante ciertas necesidades menores, nos hemos visto meando en las macetas de fabiola o en el desagüe del patio, en el que vivían tres enormes tortugas. También los paseitos por la casa de Frasquito "Humito" un singular viejo bonachón, que con su cigarro y su moto ha sido el ser más peculiar que he conocido en Montejaque. Josefina, Javierito, Benjamín, Antonio, Pepi...Todos ellos formaban parte también de nuestra familia. Fabiola nos regañaba por el ruido y miguelito, actualmente alcalde de Montejaque, nos llevaba a comprarnos más chucherías y a ponernos al borde del colapso glucémico. Pepe (al que nunca me ha gustado ni me gustará llamar el tonto) hablaba de futbol ruidosamente en algún rincón del aquel pueblo, que cuando caía la noche, era más mágico y especial si cabe. Todos fueron años felices (excepto el año que murió Teresita en mitad de las fiestas). Todos inolvidables. Ahora al cabo del tiempo, vuelvo a esa feria con distintos protagonistas: Jota, mi hermana, mi primo Oliveras...y todo es un poco igual...como antes. Inclusó el año pasado, con la aprobación de Jota, volví a tirarme por las lajas. Volví, otra vez, y por unos segundos a tener nueve años, cumplidos en abril.
Volvíamos al campo, bien tarde, las tres, las cuatro, las cinco, porque allí no cabíamos todos para dormir. Llegabamos fritos en los coches, pero siento todavía como si fuera hoy, la brisa fria acariciando mi cara, cuando alguno de los mayores, seguramente Eduardo, nos sacaba en brazos del coche y nos depositaba con sumo cuidado en la cama. Mañana será otro dia, Buenas noches...
Es de justicia nombrarlos a todos, porque todos formaron parte de mi vida y la siguen formando. Algunos de ellos ya no están, otros siguen aqui. Y con todos ellos me quiero y me demuestro siempre que tengo la ocasión, que aquellos años son un vínculo que respeto, cuido y recuerdo profundamente dentro de mi alma. Aunque el campo ya no sea nuestro nunca más, a no ser que una primitiva diga lo contrario. Bendito sea el dinero ese día. Y benditos seais vosotros...Desde el primero hasta el último
Hamilton ha ganado esta tarde el gran premio de Canada...y Rafa Nadal el Roland Garros. Ambos dos rebosaban alegría y felicidad al final de la carrera y del partido. Pero estoy seguro que ellos, no son tan felices como yo y que no tienen un blog en el que sus amigos lean sus historias de tres duros, viviendo profundamente, más o menos, cada uno de los relatos. Gracias por estos quince mil clicks...Seguid a nuestro lado
Chito
Pd.- Morena, la de los rojos claveles, la del bordado mantón, la reina de las mujeres... Sonido clásico de Fresa y Nata o de Orquesta Montejaque...