lunes, junio 29, 2009




Y allí estaba yo aquel último día de verano. Apenas cuatro locas con la mísera pretensión de seguir morenas estaban ya en la playa, tratando de robar los últimos rayos de sol. Ya se notaban las tardes más cortas, y aquella sin duda era la más corta de mi estancia costera, pero a mí me pareció la más larga de todas. Me había despedido de los golfos que conocí tomando cervezas en los bares un par de días antes, porque ellos ya habían vuelto a su ciudad; a su realidad. Me despedí de los camareros, del que me vendía pipas en el kiosco, de la dependienta de la cafetería donde desayunaba cuando desayunaba. Incluso de aquel socorrista tan macarra que nos regañaba cuando jugábamos a la pelota en la playa. Sólo me faltaba despedirme de ella. Era la última bala que me quedaba. Todo  un verano tonteando, dejando las tardes, las noches pasar. Y como siempre hice, lo dejé todo para el último momento. Me iba a declarar. Ya sabía yo que era el último día, que con suerte no nos volveríamos a ver hasta el verano siguiente, pero estaba dispuesto a pedirle matrimonio, si hacía falta. Tenía quince años, pero no me importaría esperar por ella, porque realmente creía que merecía la pena.


La pena fue que no apareció. Que la flor que tenía para darle como presente en mi declaración estaba empezando a quedar lacia y dormida, como el verano que ya languidecía. Un mensaje de texto al móvil fue su fría despedida. La mujer de hielo no se dignó ni en aparecer. "Siento no despedirme en persona. Tuve que salir antes porque mi novio me espera. Me alegro de conocerte. Que tengas suerte".


Fantástico, todo el verano tonteando conmigo y tienes novio... pues nada, que te vaya muy bien con tu Romeo, imbécil. Encontraré mil mejores que tú.


Tiré la flor al suelo consciente de que jamás en mi triste existencia encontraría a alguien como ella. 


miércoles, junio 10, 2009



Cuando somos niños a todos nos gusta ser unos aparentados. Yo también lo era. Porque yo fui “grunge” cuando se llevaba serlo. Yo era uno de esos niñatos rockeros de media melena rubia y pantalones raídos. Y como siempre, o como casi siempre, el cine tuvo la culpa de todo.
Habíamos quedado para tomar unas cervezas y ver una peli en casa de un amigo. Nos juntamos siete u ocho y me puse al lado de la niña que por aquel entonces me hacía tilín. Su nombre no viene al caso y el caso es que casi ni recuerdo su nombre. Abrimos el gélido y amarillo elemento y nos pusimos a calistrear entre las películas (todas en vhs). Allí apareció una portada de una película titulada "Ghost". Un auténtico pastel americano…y allí que se pusieron las que mandan (las mujeres) de morros para que nos tragáramos aquel inmundo pastelazo. Resignados ante el poder de lo que tira más que dos carretas, nos sentamos frente a la televisión…
“Antes de ser asesinado, Sam le dijo a Molly que la querría y la protegería para siempre”…Y efectivamente se cargaron al tal Sam, que era un rubio guaperas de moda. Luego la escenita de la monedita…y en un momento dado de la película noté como la mano de mi acompañante se posaba en la mía en uno de esos momentos de emoción.
Fue ese el momento en el que decidí meterme en la película, con la única e innoble intención de llevarme al huerto a la guapísima rockera que habitaba el otro lado del sillón noventero. Empezaron a ocurrir cosas impresionantes en la película y empecé a darme cuenta que la cinta, a esas alturas, me tenía la partida más que ganada.
Intentaba evadirme de tanta emoción, pero las tersas manos de mi pretendida y el argumento rematadamente maquiavélico de la película me tenían atrapado más allá del tubo de imagen de aquel viejo televisor.
Mi garganta se empezó a inundar de nudos cuando llegó una vez más la médium negra y empezó a hablar con la chica. De repente sin saber muy bien como…Yo me sentía más Sam que el propio Patrick Swayze, aunque no sabía si la chica que estaba junto a mí (cuya cabeza ya reposaba en mi hombro absolutamente desconsolada) se sentía tan Molly como Demi Moore.
A esas horas de la noche quedaba totalmente confirmado que yo era una simple marioneta a merced del cine y de mis hormonas.
En todo esto un halo de luz se abrió en la pared y de entre sus rayos apareció Sam, mientras los ojos de la desdichada Molly se llenaban de lágrimas de una forma casi desproporcionada. Aquella “Melodía desencadenada” irrumpió en los fueros de mi corazón y cuando me di cuenta andaba mordiéndome el labio inferior y con los ojos absolutamente arrasados de lágrimas, mientras a mi alrededor, todo eran sollozos y narices tirando con energía de los mocos hacía dentro…
El mito “grunge” hacía minutos que dormía el sueño de los justos.
Él la besó a ella….y yo deseaba con todas mis fuerzas que la manceba que apretaba mi mano hiciera lo propio conmigo.
Al final…La negra se despide del fantasma, Molly se queda sola como la una, Sam se larga para el cielo o para el purgatorio, mi damisela comenta emocionada la jugada con el resto de niñas de la reunión, mi cerveza se había calentado, mi camiseta negra de Nirvana estaba empapada con mis propias lágrimas y mi pretendida estaba tan emocionada que no me hacía ni puto caso.
Os garantizo, que aquellos no eran mis planes para esa noche…Pero la verdad es que la película me encantó. Y a día de hoy me gustaría verla de nuevo junto a esa chiquilla…que actualmente tiene dos hijos y ha cogido como unos treinta kilos de más.
Es el tiempo amigo mio….te lo quita y de lo dá

Chito

Pd.- Tienen a la antorcha humana en un bloque de cemento, ni siquiera la alianza ha podido detenerlos…