navidad.
Este post puramente lagartero también se lo dedicaré a mi amigo Faíto. No por eso de que es mi amigo ni por eso del tema que trato, simplemente porque él considera que este tipo de post sí es lagartero y sin embargo el rollo relatero no. Bien, pues amigo Fai, por ti va.
El título es la navidad -en minúscula, faltaría más-. Oh, maldita navidad, que llegas sin más y por ello tenemos que ponernos tu disfraz. Todo es ahora rojo y blanco. Ahora los viejos barbudos gordos simbolizan la ilusión, no la lucha contra la obesidad y la mala alimentación. Ahora los malos... lo siguen siendo, y los medio buenos tratan de simular ser plenamente buenos. No nos engañemos que un engaño a uno mismo es un bobo engaño. Queridos amigos, la navidad es una fecha espectacular para los locos bajitos, como les denominó Serrat. Y yo por ahí comulgo -ojo al verbo que me aplico- con esta dichosa festividad. Pero para los que ya no lo somos -o no somos locos o no somos bajitos- es una burra mentira capitalista enfocada a un consumismo desmesurado, exagerado, innecesario. A todos nos gustan las gambas y el jamón -a Chito lo primero no-, pero estamos todo el año tratando de no hacer gastos innecesarios, privándonos de ciertos lujos a veces como estos dos, y cuando llega navidad, por ser navidad, nos hartamos tanto de ambos que acabamos medio aborreciéndolos. ¿No sería mejor comer este tipo de cosas una vez cada 3 meses, reunidos con familia, amigos, parejas o quien fuese?
Oh, consumista navidad es. Negocio redondo del Corte Inglés, obligación del siglo veintiuno, si tienes poco te dan por culo, porque ya hay que gastar.
Y lo peor de la navidad, queridos congéneres lagarteros, es que existe esa obligación -que deja de ser placer para ser obligación- de tener que reunirte con toda la familia, como si ese evento no pudiese tampoco realizarse a lo largo del año. Y es que es el momento propicio; las calles se engalanan de luces de colores, en los jardines te encuentras a renos con reyes, a muñecos de nieve con estrellas fugaces... hace un mes estaban los jardineros del ayuntamiento podando, y ahora figuritas iluminaditas, las calles del centro hasta la bandera, los telediarios diciendo que las familias se entrampan con la crisis para sobrevivir a la navidad cada vez más norteamericana, nos ponen películas a todas horas en las que los adultos no creen en papanoel y un genial niño estadounidense les demuestra que sí que existe, villancicos por doquier... y de repente miras a tu familia, sentada ante esta grandiosa mesa en la que todos estamos comiendo. Y ves la silla vacía de quien el año pasado estaba gastando bromas y este año ya no está. Y sabes que nunca más va a estar. Y te das cuenta de que las navidades eran geniales cuando eras un loco bajito, que ahora son una puta tortura norteamericana, consumista, falsa de mierda.
Un saludo. Les deseo una feliz navidad. Ahora les dejo que tengo que adornar el árbol.