
miércoles, octubre 29, 2008

viernes, octubre 24, 2008

Yo os juro a vosotros, los que disfrutais de mi compañía y os sentír verdaderamente bien conmigo, que nunca jamás os voy a fallar:
Yo siempre voy a ser un juerguista
Siempre podreis contar conmigo para ir de copas
Nunca dejaré de comerme los cacahuetes lanzándolos hacia arriba
No limpiaré el coche por dentro hasta que no sea de verdad necesario
Siempre pediré la cerveza más barata y más fria
Me dará igual dormir en una manta en mitad del campo
Si somos seis en el coche siempre estaré dispuesto a ir en el maletero
Voy a dirigir a la chirigota mientras pueda estar en pie
Mi intención es juntarme siempre con gente más joven que yo
Os tendré presentes en mis brindis y no en mis oraciones
Me acordaré de vosotros cuando esté por ahi de viaje conociendo mundo
A vosotros, los íntimos, os contaré mis devaneos sexuales
Mi pagina de inicio siempre será terra (por las tias buenas que salen)
En mi estómago tendré en cualquier caso sitio para un shawarma
No me importará ser el que recoge el dinero para las fiestas
Dormir en el coche no me parecerá jamás una mala opción
No le daré importancia a ir por el mercadona con un carro lleno de bebida
Me disfrazaré de mujer siempre que me lo requirais
Seré vuestro amigo incondicionalmente e intentaré no pensar en vuestras mujeres
Eso si...no confiaros...cualquier dia me caso...me compro un pisito...me pongo dos pelis a las nueve de la noche...
Y NOS DAN POR EL CULO A TODOS...
Chito
lunes, octubre 20, 2008

Despedidas.
Aún no hacía calor pero ya era agradable sentir una brisa suave, fresca y cálida a la vez, de esas que anuncian que se aproxima la primavera. El sol estaba fuera y olía a tierra mojada. Durante todo el camino hasta la estación del tren no se habían dirigido palabra, porque realmente no sabían qué decirse, y es que todo pesa demasiado cuando sabes que lo último que le vas a decir es "Adiós". Cuando llegaron junto al andén Juan sacó el billete de su bolsillo. María trató de contener las lágrimas. Un hombre de mediana edad que pasaba por la lado se paró junto a ellos y les habló:
- Es una despedida, ¿verdad? Se os ve en la cara. He visto cientos de personas despidiéndose en este mismo andén. No sé qué se dicen, porque procuro dejarles intimidad, pero en la cara se ve la angustia.
- ¿Trabaja usted aquí? -Preguntó María.
- Sí. Soy el limpiador de la estación. -Los dos se percataron entonces del uniforme que llevaba el hombre, quien sin mediar palabra se alejó y continuó su camino.
El tren llegó. Juan y María se abrazaron sintiendo que el corazón se les partía en dos.
- Te juro que en cuanto gane algo de dinero vuelvo. En menos de un año estaré aquí otra vez. -Ella asintió. Se volvieron a abrazar y él subió. Segundos después María se vio meciendo la mano a modo de despedida, mientras la ruidosa máquina de hierro se alejaba. Se dio la vuelta sintiendo que tenía el alma vacía, caminando hacia la calle.
Sentada en un banco una mujer mayor miraba hacia lo lejos, hacia la vía, con los ojos húmedos. El limpiador de la estación se paró junto a María de nuevo.
- ¿Qué le pasa a esa mujer?
- Le dicen "la loca de la estación". Cuentan que cuando era joven su novio se fue a trabajar y le prometió volvería pronto. Ella aún le espera.
María tragó saliva.