miércoles, octubre 29, 2008



Mujeres, Alcohol. 25.

Era fiesta, no recuerdo que día era,... Y de repente, cuando lo único que quedaba en aquella taberna eran despiadadas aves de carroña, me encontre con ella....con la "amiga". La verdad es que no se muy bien como llegamos a conocernos, imagino que nos presentaría Juliette. A mí me encantaba Juliette, pero ella no quería echar un polvo...aunque la "amiga" me intentó dar una serie de motivos...Su matrimonio, por ejemplo... Yo no la creía. Con esas cicatrices y esas señales de amor apasionado que llevaba en su cara era demasiado difícil tener en cuenta lo que decia....Pero bailaba muy bien... Sabia lucir la anorexia como nadie...Sabia disimular las heridas de sus dedos índice y corazón como tan solo ella podía....
Me cautivó el dolor de su alma reflejado en tan poca cantidad de carne... Era curioso, ella quería no dormir sola, y estaba dispuesta a matar a Juliette si era necesario... Yo no queria otra cosa mas que recordar la marca de mi licor favorito...mientras ella esperaba mantener una conversación....pero yo no podía dejar de mirar sus tetas, habían costado demasiado dinero a su ex marido como para no ser bonitas. Y yo lo hacia pensando en Juliette.... Y por amor a Juliette la invité a casa...para honrar al desamor...a la desdicha...y para tener algo de Juliette en mi cama, aunque fuese una amistad que ni siquiera era mía.... 
- No quieres estar conmigo. Quieres a Juliette.- Dijo ella con el alma desnuda y las cicatrices mirandome....

- No, no quiero, pero así es el amor...

Seguiamos follando sin mediar palabra, ella me pedía que le hablase, a lo que ni siquiera contestaba...
Luego empece a gritar, pero ella lo hacía mas....estuve golpeando un buen rato sobre esas señales de desamor...para que nadie lo notase despues...Y lo hice hasta que sus ojos se cerraron. Imaginaba que estaba golpeando a Juliette, por no quererme, por no amarme...

Ella dormia placidamente ensangrentada en mi cama de sabanas oscuras, yo tomé otro trago y mire su bolso... Habia una nota de Juliette:


"Si le ves, dile que yo tambien le quiero..."


Y ahora están muertas las dos...

Mujeres...

viernes, octubre 24, 2008



Yo os juro a vosotros, los que disfrutais de mi compañía y os sentír verdaderamente bien conmigo, que nunca jamás os voy a fallar:

Yo siempre voy a ser un juerguista

Siempre podreis contar conmigo para ir de copas

Nunca dejaré de comerme los cacahuetes lanzándolos hacia arriba

No limpiaré el coche por dentro hasta que no sea de verdad necesario

Siempre pediré la cerveza más barata y más fria

Me dará igual dormir en una manta en mitad del campo

Si somos seis en el coche siempre estaré dispuesto a ir en el maletero

Voy a dirigir a la chirigota mientras pueda estar en pie

Mi intención es juntarme siempre con gente más joven que yo

Os tendré presentes en mis brindis y no en mis oraciones

Me acordaré de vosotros cuando esté por ahi de viaje conociendo mundo

A vosotros, los íntimos, os contaré mis devaneos sexuales

Mi pagina de inicio siempre será terra (por las tias buenas que salen)

En mi estómago tendré en cualquier caso sitio para un shawarma

No me importará ser el que recoge el dinero para las fiestas

Dormir en el coche no me parecerá jamás una mala opción

No le daré importancia a ir por el mercadona con un carro lleno de bebida

Me disfrazaré de mujer siempre que me lo requirais

Seré vuestro amigo incondicionalmente e intentaré no pensar en vuestras mujeres

Eso si...no confiaros...cualquier dia me caso...me compro un pisito...me pongo dos pelis a las nueve de la noche...

Y NOS DAN POR EL CULO A TODOS...

Chito

lunes, octubre 20, 2008

Despedidas.

Aún no hacía calor pero ya era agradable sentir una brisa suave, fresca y cálida a la vez, de esas que anuncian que se aproxima la primavera. El sol estaba fuera y olía a tierra mojada. Durante todo el camino hasta la estación del tren no se habían dirigido palabra, porque realmente no sabían qué decirse, y es que todo pesa demasiado cuando sabes que lo último que le vas a decir es "Adiós". Cuando llegaron junto al andén Juan  sacó el billete de su bolsillo. María trató de contener las lágrimas. Un hombre de mediana edad que pasaba por la lado se paró junto a ellos y les habló:


- Es una despedida, ¿verdad? Se os ve en la cara. He visto cientos de personas despidiéndose en este mismo andén. No sé qué se dicen, porque procuro dejarles intimidad, pero en la cara se ve la angustia.

- ¿Trabaja usted aquí? -Preguntó María.

- Sí. Soy el limpiador de la estación. -Los dos se percataron entonces del uniforme que llevaba el hombre, quien sin mediar palabra se alejó y continuó su camino.


El tren llegó. Juan y María se abrazaron sintiendo que el corazón se les partía en dos.

- Te juro que en cuanto gane algo de dinero vuelvo. En menos de un año estaré aquí otra vez. -Ella asintió. Se volvieron a abrazar y él subió. Segundos después María se vio meciendo la mano a modo de despedida, mientras la ruidosa máquina de hierro se alejaba. Se dio la vuelta sintiendo que tenía el alma vacía, caminando hacia la calle.

Sentada en un banco una mujer mayor miraba hacia lo lejos, hacia la vía, con los ojos húmedos. El limpiador de la estación se paró junto a María de nuevo.


- ¿Qué le pasa a esa mujer?

- Le dicen "la loca de la estación". Cuentan que cuando era joven su novio se fue a trabajar y le prometió volvería pronto. Ella aún le espera.


María tragó saliva.