viernes, septiembre 26, 2008

Éste es un post que debería haber sido publicado hace una semana, justo en el momento en el que fue escrito, pero mi despiste y poco tiempo derivan en su publicación hoy, justo siete días después de escribirlo, y tras haber oído en la radio la columna de opinión que da Chito narrando su versión de la historia. Espero estar a la altura. Ahí lo lleváis.





Chito tiene puesto de subnick en el messenger "diez minutos más en ese bar y me hace de derechas". ¿Os lo explico? Seguro que a muchos de vosotros le ha valido como señuelo y he conseguido que siga leyendo.


Bien, abusando de la tomativa estrategia, os lo resolveré resumiendo escuetamente: Chito y yo hemos estado casi dos horas escuchando a un hombre, de ochenta y cuatro años, franquista. No quiero decir su nombre ni dar señas porque es alguien meridianamente conocido en la ciudad soñada y tal vez no esté a la altura de lo que espera si lo hago, pero sí que os diré que la conversación ha sido genial. Empezamos hablando con el hijo, a quien de casualidad nos tropezamos en un bar mientras tomábamos una cerveza.  El hijo un tipo lógicamente de derechas con quien da gusto hablar porque deja que expongas tus opiniones antagónicas a las suyas y a continuación te contesta con la sabiduría y el respeto de quien sabe que es capaz de hacerte asentir aunque no pienses como él en nada. La conversación poco a poco permitió que el hombre octogenario, padre de nuestro primer y agradable interlocutor, fuese tomando parte de ella hasta convertirse en monologista digno de admiración.


Aquel señor comenzó proclamándose confeso franquista, continuando con la frase "un día entendí que no era bueno que aquello durase tanto..." y continuaba haciendo un resumen ciertamente extenso pero condensando muchísimos datos, desde los fallos que tuvo la república hasta el establecimiento de la democracia. Un tipo culto donde los haya, con una verborrea admirable y con tanta clase hablando como Zidane haciendo la ruleta, si se permite el símil futbolístico.


Cuando todos consideramos que la conversación del hombre había llegado a un punto en el que su opinión había quedado bastante clara y su resumen debidamente expuesto, nosotros le mostramos nuestra grata sorpresa y nuestra admiración ante su modo de narrar hechos, justo antes de decirle que la versión de la historia que nosotros sentíamos más cercana era la otra, pero que nos gustaba muchísimo oír la Historia contada desde la otra orilla, por alguien que lo vivió en primera persona. Y aún no alcanzo a adivinar por qué, aquello le abrió los ojos, le animó el corazón, y a partir de ahí, después de dejarnos expresar ciertos detalles de nuestra particular visión, la conversación pasó de lo político a lo humano.


Tan grata fue la conversación y el feedback que nos procesamos mutuamente que, viendo las intempestivas horas, aquel hombre octogenario nos pidió el número de teléfono y nos prometió llamarnos para tener otra conversación del estilo, justo antes de mirarme a los ojos y decirme "Luis, no te pierdas que me encantaría volver a tener más conversaciones como esta con vosotros, que de verdad me habéis alegrado la noche y me habéis hecho feliz".


Lo que él no sabe es que nosotros esta noche nos acostamos más feliz que él, porque realmente hemos aprendido mucho de su visión privilegiada desde la cima de la vida. No es que nos convirtamos a su religión, es que pasamos a tenerle un cariño y admiración que no habría creído posible si me hubiesen preguntado cuando me levanté esta mañana. Así que al que diga que la cultura no está en los bares que levante la vista del libro y, como en el mito de la caverna de Platón, se fije en lo que hay fuera de la cueva y deje de creer en la realidad de las sombras proyectadas desde fuera.


Me reitero en el deseo de que sean felices. Cuando lleguemos a la cima de la vida tal vez sólo nos quede ese consuelo. Ese o esperar que una noche vengan dos niñatos a sorprenderse con nuestra particular visión del mundo.

jueves, septiembre 11, 2008


Ayer estuve hablando con Luis del blog. Era preciso para centrar la atención del visitante, posts cortos, atractivos, sin demasiados remiendos... Es verdad, teníamos razón en todo, pero hoy no se si sabré calcular cuanto tiene que durar un post, de la misma forma que hoy me cuesta calcular cuanto debe durar una aventura. Y a eso es a lo que voy...
Hoy es Jueves, posterior a feria. Hace diez años, a esta hora, estaba en el Cursillo Formativo, con toda aquella gente especial de los scouts, después de haberle plantado cara a unas cuantas tormentas. Y así de puñetera es la música, que me he encontrado una canción de Mecano en el nick de Ali y al escucharla me han venido miles de recuerdos a la cabeza. He salido a la ventana a fumarme un cigarro como si fuera aquel árbol de pocahontas. Y he escuchado y sentido y padecido esa canción con la sensación de que para mí, estaba terminando una etapa.
A veces me gustaría ser más joven para no tener tantos recuerdos ni tanto donde comparar. Jamás cambiaré por nada en este mundo los buenos ratos, las veladas, las canciones, los juegos, las risas, las cenas interminables, las caminatas bajo el sol, los buches a la cantimplora, el olor a hierba fresca, la brisa del alba, el agua fria de los arroyos, el olor a tienda de campaña nueva, las charlas susurrando, el sucio de las camisetas, el dolor de pies, los paisajes, el tacto de la tierra humeda, el sabor de las moras, lavarme los dientes con una linterna, dormir en un saco, el olor a humo en la ropa, el frio de las noches, la tristeza de las despedidas... Eso y mil cosas más...no las cambiaría por nada. Por eso, ahora que ya mi arroz está más que pasado quiero conservarlo todo, en mi cajita de las esencias. No quiero ni fotos, ni recuerdos, ni pañoletas...ni nada... Quiero conservar la esencia de todo ello en mi alma hasta el dia en que me toque rendir cuéntas al altísimo.
En cuestión de cinco minutos que dura un cigarro he pensado en vosotros, los de aquí, los de Lepe, los de Palos, los de Málaga, los de Algeciras, los de Lebrija...Festivales, Raids, Cursillos...y eran tal vez demasiadas cosas. Tantas que apenas sabré recordarlas. Pero ahora que todavía conservo fresco el recuerdo, en noches como esta, me detengo a saborearlas, porque tiene uno la sensación de que nunca más...o raramente volveré a degustarlas con la intensidad que siempre lo he hecho.
Y aunque no lo quiero, conservo como un tesoro mi uniforme, mi pañoleta, la de Oscar, mis camisetas, mi saco de dormir, mis canciones. Todo lo que dí y recibí lo guardo ahora conmigo. Y cierro la cajita.
Este fin de semana no podré estar en la cima con vosotros, ni este invierno se si podré ir a alguna actividad. Ya en el Raid, la última noche, me despedí a mi manera. Con Juanan Eyra y Madreselva cerca. Con Isa y Gurami. Sin Wallaby. Sin Cobra. Sin Txus, Carmelo o Ángel, sin Musaraña...Con unas u otras cosas...sin unas y otras cosas.
A fin de cuentas, la culpa de todo esto la tiene Mecano, porque la primera vez que yo asistí a una actividad scout, escuché ese disco sonar una noche de verano en la radio del coche de unos domingueros, porque me quedé ensismismado y porque desde entonces (en cinta, en cd o en mp3) ese disco casi siempre ha venido conmigo. Y desde entonces me ha evocado viejos tiempos, cada vez más viejos y cada vez menos tiempo...
Y ahora cuida uno de la llamita de esta vela, casi consumida, con el temor de que no nos aguante para una vez más... Ahora ya no sabe uno si apagarla de un soplido o seguir mimándola a sabiendas de que tarde o temprano acabará extinguiéndose. Y el problema sabeis cuál es... Que ya me sabe mal seguir pidiendo cera prestada.
Me queda la tranquilidad de haber vivido lo que muchos de vosotros no habeis podido vivir. Sí, estamos locos, sí somos diferentes, sí ...hasta unos payasos si quieres...lo que quiera usted...Pero scout por encima de todo.
Esta foto me la hice durante el último Raid que hice...Por la Serranía de Ronda...En Gaucín. Después de cinco dias agotadores de marcha.
Y ya no se exprimir más esta tristeza...Pero lo que tengo claro es que si ahora mismo tuviera el coche en la puerta (en vez de en el taller cambiando el aceite) a esta hora ya estaría sentado frente al charco, en silencio, ensimismado con el ruido del agua y con el reflejo de las estrellas en sus ondas. Disfrutando de mi mismo, hace diez o quince años... Enhorabuena a Juanan y Eyra por su primogenita, Lucía...
Chito o Gorrión
Pd.- Y quizá volvamos al local, a cantar para nosotros, lo de hoy no me puedo levantar y dejar que esa chorrada, nos empañe la mirada, lagrimas de agua pasada...despintando la fachada

martes, septiembre 09, 2008


Costumbres.


Una vez leí que los seres humanos son animales de costumbres. Se acostumbran a levantarse a la misma hora, a desayunar a la misma hora, hacer esfuerzos y descansos a la misma hora. El organismo actúa mejor cuando lo habitual es hacer las cosas de manera cíclica; en bucle, si se me acepta el término informático.


Pues si a Chito y a mí se nos puede otorgar la consideración de seres humanos está más que claro que somos seres de costumbres; hoy hemos inaugurado la temporada de costumbres 2008/2009. Hemos trabajado cada uno en lo suyo, hemos comido deprisa y obviado la siesta para tomar un café y sólo se vio alterada la costumbre que solíamos porque el sitio en el que era lo habitual estaba cerrado, pero al final lo tomamos. Y sobre todo hemos vuelto a quedarnos tomando cervezas hasta las dos de la mañana, hablando de carnavales, acordando planes, planeando acuerdos, con el beneplácito de Pedro que también nos acompañaba. Lo peor es que hace un año me fui huyendo de Ronda, agotado de que el ciclo de la costumbre rozase la monótona monotonía, y una vez pasado el temporal, durante mi periplo malagueño, lo que más echaba de menos eran esos momentos que eran tan habituales: los cafés, las charlas, los furbitos, las cervezas... y aunque tuve dosis de carnaval, no sabían igual que los míos, por lo que en tierras malagueñas también eché de menos mis carnavales.


Y aquí me tenéis, loco de contento, porque vengo de bajarme del coche del Chito viniendo de beber cervezas, y mientras él se alejaba santiguándome y echando maldiciones curísticas y desagradablemente religiosas, sonreía para sí gritando a la par en voz alta que en este barrio no hay naranjos para que trate de acertar con su corsita mientras él se aleja insultándome religiosamente desde la ventanilla.


El resumen es que hay mil cosas que han cambiado, pero sigue la esencia, y me alegro de disfrutar de ella. A ver si con ella vuelve un poco más del Lagarto.


Sean felices y saboreen cada segundo de sus costumbres, porque la monotonía también se echa de menos.