miércoles, agosto 29, 2007


Hay sensaciones dificiles de explicar y por mucho que afine uno la pluma hay ciertos momentos donde no cabe la descripción literaria. Hay momentos que están al filo de lo ficticio y lo volatil y ese momento lo he vivido hoy en el lugar que veis en la foto. Aqui os dejo un fragmento de mi verano, que como últimamente ocurre, vendrá servido en episodios. Y empezaremos por el final...
LA DESPEDIDA
Esta mañana me he despertado pronto a pesar de que no tenía una hora para hacerlo. Todo después de esa cena de despedida que planteó la colonia para todos los monitores de este quinto turno. Ha sido un verano donde no me ha dado tiempo a pensar en demasiadas cosas. El ritmo de la colonia es frenético durante prácticamente todo el dia. Te acostumbras al trasiego de niños de un lado a otro, que dentro del caótico entramado, son capaces de moverse como si llevaran alli toda su vida. Esta mañana he caminado despacio por el camino que va desde la residencia hasta el taller de animación. Miraba mi pies, que iban acusando cada vez más el paso de los dias en Sabinillas. Había una diferencia entre este dia y los 60 anteriores. Hoy la colonia no tenía niños y cualquier rincón en el que clavaras la vista podría resultar un auténtico despropósito.
Un vacio inhumano había hecho de aquel lugar un auténtico cementerio. Un campo santo en el que descansaban en paz millones de recuerdos que presuntuosos iban torturándome en la mañana del día más triste. Es como si estuviera totalmente sordo, como si todo lo que me rodeaba perdiera su sentido. La colonia, como diría mi querido Luis, no era más que una caricatura de si misma.
Al cabo de dos minutos, casi a la altura de la camina de albero, me detuve a escuchar el silencio. El vacio era fatal y la situación me impregno de negativismo y tristeza. Mirando de nuevo al suelo pedí a los cielos algún ruido que me sacara de la infernal silenciosa estancia. Hoy no sentía ni al mar, protagonista indiscutible de las horas en la colonia. Cuando estaba a punto de echarme a llorar, alguien arrastró una maleta en zona alta. A día de hoy no se quien fue el responsable de romper ese turbio silencio, pero a mi me hizo un favor. O igual no fue tal favor porque el sonido de las ruedas desplazandose me recordó que todo se había terminado. Que aquel silencio se había apoderado de mi rincón favorito del mundo para los próximos diez años.
Volví la vista al banco donde cada tarde, Lucas, un niño del dormitorio cinco, me contaba de sus romances e historias de amor. Cerré los ojos y le pedí al cielo dosis de entereza para aguantar la situación dignamente. La maleta dejó de rodar y de nuevo el silencio convirtió la estancia en un lugar oscuro
Decidí entonces, volver sobre mis propios pasos para montarme en el coche y salir cuanto antes para Ronda. Arranqué el "bólido" y cuando iba camino de la puerta me hice la pregunta de rigor: ¿Podré volver el año que viene?...No lo sabré hasta entonces, pero desde luego que mientras llega o no Junio de 2008 tengo muchas cosas que contar y muchos recuerdos que archivar. Van a dar la una de la madrugada y estoy muerto de sueño...
Chito
Pd.- Araka la kana les brinda un canto que se le hace al alma y a su corazón...

domingo, agosto 26, 2007


El otro día oí un relato que me apetecía compartir con vosotros. Sí, lo he dicho bien; oí un relato. Porque lo estaban radiando. Y es que se trataba de un concurso de relatos cortísimos vía SMS, y los locutores iban leyendo los mejores.

El caso es que uno de ellos me llamó especialmente la atención, porque hablaba de este hombre, de Woody Allen. Aunque si he de seros sincero, no fue por hablar de Allen por lo que me llamó la atención.

El narrador, en este caso era narradora. Una mujer hablaba en primera persona, y empezaba diciendo “Yo me casé con mi marido porque se parece a Woody Allen. Él es científico, y de los buenos. Está siempre muy atareado con su trabajo, y piensa que a mí lo que realmente me enamora de él es su inteligencia, son sus descubrimientos… pero no tiene ni idea de que lo que a mí me gusta de él es que se parece a Woody Allen…

…estoy enamorada de sus balbuceos, de su cara, de su delgadez… porque se parece a Woody Allen”.

El relato narraba poco más, ya que como os comento, este concurso era vía SMS y no se podían superar los 600 caracteres. Y me imagino que habrá que escribir según la Real Academia de la Lengua, y no según nuestros Cojones, para Ahorrar Caracteres…

El lugar al que quiero llegar es justo a este. Y es que ese hombre científico del relato, se creía alguien interesante, culto, trabajador, inteligente… y veía ahí sus mejores bazas para enamorar, para gustar, para caer bien… y realmente no era consciente de que lo que enamora de él es su asombroso parecido a Woody Allen.

No olvidemos que esto es un relato, pero los relatos al fin y al cabo son pequeños fragmentos de realidad, aliñados con pizcas de imaginación y creatividad.
Seguramente, muchos de nosotros, un sábado nos hemos dispuesto a salir con la clara intención de agradar a los demás. Los pantalones que te quedan pegaítos, la camisita puntera, la gomina con los pelos parriba, y un perfume de esos caros del que esperamos el mismo resultado que nos dice la tele nos va a dar el desodorante Axe… el caso es que si logras agradar a alguien, tal vez sea por lo divertido que te muestras, lo gracioso que te pones cuando te bebes dos copitas, la conversación que mantienes o simplemente porque tengas los ojos bonitos.
A las mujeres les pasa lo mismo, aunque tal vez vaya más allá el tema, ya que ellas pueden hacerse la plancha en el pelo, maquillaje pa tapar un leve granito que en un momento dado pueden ver como un mundo, faldita pa enseñar cacha procurando que los deseos de la noche pasen entre sus piernas, taconazo para parecer más imponente, sujetador de esos de efecto “up” o “vámono parriba que nos vamo”, acompañados de su correspondiente escote, para que la autopista de las miradas continúe piernas arriba hasta llegar a las altas cumbres –más altas aún gracias al efecto “up” o “sujetador 3 tallas menos que la mía”-… Y resulta que esa noche alguien se lo pasa fenomenal contigo por lo que entiendes de cine, y has dado con alguien cuya única pasión es el cine, y os habéis tirado 3 horas hablando sin parar! O tal vez el escote haya sido el sebo para atraer a alguien que en cuanto descubre la gracia que tienes contando anécdotas queda prendado de lo que hay tras las 3 tallas menos de sujetador… Claro que en el caso de ellas, es bastante más probable que los que nos enamoremos no queramos bajar las cumbres del escote, aunque ese interés se disuelve al día siguiente cuando el efecto “up” no es tal, y la atención no queda tan concentrada en un punto –o en dos-.

A mí me pasa que tengo amigas que muchos me dicen “vaya tía más fea, es fea con cojones, ni arreglaíta gana, el primer niño que tenga pa tirarlo…” ¿y os queréis creer que yo no las veo feas? No digo que me atraigan ni que les tenga ganas de ningún tipo, digo que no las veo feas, porque me parecen tan estupendas y geniales, que lo feo o bonito queda más allá de un tercer plano… Igualmente hay tías que me aseguran que tal o cual amigo mío es más feo que pegarle a un abuelo con un calcetín sudao… pero luego resulta que ese amigo mío es casi un gigoló… Llamadlo como queráis. El atractivo de los feos o lo que sea, pero el resultado definitivo es que lo que realmente gusta, lo que realmente queda, lo que realmente engancha, lo que se echa de menos de nosotros el día que faltamos, no es seguro el físico, y no es seguro lo que nosotros creemos que es… lo que engancha es lo que menos sospechemos… es ser nosotros mismos. ¿no?


Igual no es un post de los épicos a la altura de los mediocres si quiera. Igual no es lo que os merecéis tras un verano en blanco, pero es lo que me rondaba la cabeza para contaros!!



Pdata:/ Cris-cris-cris-tina, suspira y fantasea con que la piropea un albañil… (J.Sabina)